Por Pablo Díaz y Jorge Rosenthal[1]
A pesar de la reciente crisis financiera mundial y sus todavía poco estudiadas consecuencias, todo indica que a mediano y largo plazo la economía del globo continuará en un camino de expansión y complejización acelerado. Sin embargo, esta senda de crecimiento hasta el momento no ha tenido impacto significativo en la democratización de los altos estándares de vida que esta dinámica ya ha producido en ciertas zonas, algunas históricamente privilegiadas y otras no tanto. A modo de muestra, para 86 de los 144 países en vías de desarrollo, las materias primas aún representan más de la mitad de las ganancias por concepto de exportación[2].
¿Cómo promover un proceso de desarrollo sustentable e incluyente para países, ciudades o territorios con diferentes identidades culturales, aspiraciones económicas, desigualdades sociales y desventajas tecnológicas? Todo indica que los modelos económicos hasta ahora hegemónicos, generalmente puristas y lineales para observar los procesos culturales y su enorme diversidad, tendrán que mudar a modelos más integrales, con políticas multidisplinarias a nivel territorial, nacional e internacional, como herramientas para abordar las realidades que esta nueva globalización y sus extraordinarios procesos de conectividad está generando alrededor del mundo.
Estos cambios que no son otra cosa que profundas modificaciones en nuestra forma de vivir, imponen la necesidad de construir nuevos enfoques y lecturas que nos permitan comprender mejor las interacciones entre las dimensiones económica, cultural y tecnológica, que son las que guiarán la dinámica del desarrollo económico y la manera de estar en el mundo durante el siglo 21.
Para este contexto donde la sinergia entre cultura, economía y tecnología adquiere una importancia estratégica, está emergiendo un nuevo paradigma cuyo eje se está alineando cada vez con mayor consenso alrededor de la creatividad, el conocimiento y el acceso a la información, reconociéndoles un papel privilegiado como motores del crecimiento económico y de la promoción del desarrollo en un mundo que se globaliza. Si en el periodo feudal el eje estaba puesto en la tenencia de la tierra y en la industrialización lo importante eran los materiales para la producción, en nuestra época se ha producido un desplazamiento que ubica en el centro de la producción al “concepto” detrás de la producción. Esta centralidad de lo “intangible” y especialmente de la “creatividad” como la capacidad de formular nuevas ideas y distribuir capital intelectual, está demostrando su potencial para generar ingresos, empleo y ganancias por exportación, y a la vez promover la inclusión social, la diversidad cultural y el desarrollo humano. La UNESCO ofrece en este sentido unas cifras muy significativas: El comercio internacional de objetos culturales se ha multiplicado por cinco entre 1980 y 1998, y se prevé un crecimiento del sector creativo del orden del 10% anual, 4 veces más que el sector manufactura.
La creatividad es radicalmente democrática, se encuentra en todas las sociedades y países, ricos y pobres, grandes y pequeños, avanzados y en vías de desarrollo. Es una característica inherente al individuo ser imaginativo y expresar ideas. Asociadas con el conocimiento, estas ideas son la esencia del capital intelectual. Por otro lado, a diferencia de lo que sucede con los bienes tangibles, la creatividad, las ideas, los conocimientos, la información no se agotan por su uso, por el contrario, mientras más se comparten, su potencial creador de nuevos bienes creativos aumenta. Así también, cada sociedad tiene un capital cultural intangible articulado por la identidad y los valores de un pueblo que constituye una matriz de recursos que puede ser aprovechada. Estas características, que la economía creativa pone en valor como componentes de un nueva dinámica económica, hacen pensar que la economía creativa puede convertirse en una alternativa factible para que los países en vías de desarrollo puedan ingresar a las áreas de alto crecimiento de la economía mundial, al mismo tiempo que protegen, fortalecen y diversifican su patrimonio cultural.
No existe, de todas maneras, una única definición de economía creativa, ni un consenso sobre el conjunto de conocimientos y actividades económicas sobre las cuales se basa. Para algunos la “economía creativa” es más bien un concepto integral que trata sobre las complejas interacciones entre la cultura, la economía y la tecnología en el mundo contemporáneo globalizado, el cual está dominado por símbolos, textos, sonidos e imágenes. Es, en definitiva, un paradigma que se encuentra en evolución, que está forjando sus alcances y estrategias, especialmente en lo que a políticas públicas se refiere, pero que sin lugar a dudas se ha instalado firmemente en la agenda de la economía y del desarrollo internacional y está demostrando con cifras sorprendentes su capacidad de generar riqueza, al mismo tiempo que opone alternativas sustentables a los procesos de homogeneización cultural que también acompañan la globalización.
El concepto industrias creativas es relativamente reciente y probablemente deba su origen a dos debates. El primero relacionado con los enfoques de política económica en el contexto del surgimiento y consolidación de la globalización, y el otro, a la revisión de la política de financiamiento de cultura en el Reino Unido, post guerra fría. Esta nueva forma de entender la relación entre cultura, economía y creatividad pone en crisis el concepto más tradicional de industrias culturales, planteando “un conjunto más amplio de actividades que incluye a las industrias culturales más toda producción artística o cultural, ya sean espectáculos o bienes producidos individualmente”[3].
Consistentemente con su juventud, la definición de industrias creativas ha variado en el tiempo, sin embargo puede afirmarse que estas “se encuentran en el corazón de la economía creativa” y se ubican en “la intersección entre el arte, la cultura, los negocios y la tecnología”[4]. En palabras de UNESCO, “las industrias creativas son aquellas en las que el producto o servicio contiene un elemento artístico o creativo substancial e incluye sectores como la arquitectura y publicidad”[5].
Esto implica que las industrias creativas comprenden una serie de actividades diversas que van desde los subsectores tradicionales, aquellos de alto índice tecnológico y los orientados a la prestación de servicios. De esta forma comprenden actividades tan diversas como arte folclórico, los festivales, la música, los libros, la pintura y las artes dramáticas, la industria del cine, la fotografía, la radiodifusión, la animación digital y los vídeo juegos, el diseño, la arquitectura y la publicidad[6].
Existe evidencia que confirma que las industrias creativas se encuentran entre los sectores emergentes más dinámicos del comercio mundial. En efecto, de acuerdo a los datos publicados por UNCTAD, “durante el periodo 2000-2005, el comercio de bienes y servicios creativos aumentó de manera inaudita, alcanzando un promedio anual de 8.7 por ciento”[7]. Al final de dicho período las exportaciones mundiales de productos creativos superaron los U$420 mil millones, representando poco menos del 3,5% del comercio internacional. De acuerdo al análisis realizado por la misma organización, es posible observar esta misma tendencia positiva en todas las regiones y todos los grupos de países, y se espera que la demanda mundial de bienes y servicios creativos continúe aumentando.
Por otro lado, la actividad creativa ha permitido revitalizar las economías de múltiples centros urbanos, generando empleos atractivos, particularmente para gente joven. En muchos casos se tienden “a conformar polos, corredores, distritos y circuitos urbanos que son a su vez un impulsor clave de la industria turística”[8]. En efecto, la cultura puede desempeñar una importante función de renovación urbana y “el concepto de ciudades creativas ha sido puesto a prueba exhaustivamente en las dos últimas décadas con miras a paliar el declive económico de las ciudades industriales de Europa, los Estados Unidos y Australia.”[9]
Existe suficiente evidencia que demuestra que es posible fomentar la revitalización de la actividad económica a partir de la dinamización de sectores tan diferentes como la televisión, los sectores audiovisual, musical y editorial o la organización de congresos y festivales.
Los ejemplos más citados hacen referencia a la experiencia de reconversión productiva vivida por las ciudades industriales de Europa, Australia y Norte América, sin embargo en el contexto latinoamericano es posible encontrar también interesantes referencias, como por ejemplo el fenómeno vivido por Buenos Aires a propósito del diseño o la moda en el caso de Medellín.
Para caracterizar el proceso productivo de las industrias creativas es necesario comenzar señalando que su principal insumo es el capital intelectual, el que alimenta procesos en general altamente innovadores. Los ciclos de vida de sus productos son cortos y contemplan creación de contenidos, producción, distribución y consumo. Por definición elaboran series cortas o piezas únicas de productos de alta diferenciación y normalmente orientados a nichos de mercado.
Desde un punto de vista estructural, el sector creativo está compuesto principalmente por MIPYMES, compartiendo con estas los “problemas de acceso a la financiación, acceso a mercados, management y sustentabilidad de mediano y largo plazo”[10]. Del mismo modo, al igual que el resto de las MIPYMES son importantes generadores de empleo y autoempleo, y lo que es su caso particular, se agrega el hecho de que contribuyen a la inclusión social y económica de la población joven.
Estas características productivas implican grandes oportunidades comerciales relacionadas principalmente con el fenómeno conocido como economía de la cola larga y el creciente interés por lo local, lo original, lo diverso. En este sentido, las industrias creativas permiten configurar una oferta basada en pequeños sellos discográficos, editoriales provinciales -en papel y en formato digital- salas de cine y teatro alternativas, etc., las que pueden verse potenciadas mediante las utilización de tecnologías digitales que faciliten sus procesos de creación, producción, distribución y consumo.
En efecto, el avance tecnológico y especialmente el desarrollo de Internet están dando pie a profundas transformaciones del modelo de negocio, organización y comportamiento de las industrias creativas. La Web ha pasado de ser un canal de comunicación unidireccional a ser una plataforma donde los usuarios pueden proveer o consumir contenidos, productos y servicios. Para las industrias creativas esto puede influir desde diversas perspectivas: puede permitir reducciones de coste en los procesos de producción y distribución de contenidos, dando la oportunidad a MIPYMES productoras de distribuir y comercializar directamente sus productos a nuevos mercados, puede favorecer la asociatividad en un sector sobrepasando barreras territoriales (redes sociales distribuidas[11]), puede favorecer los procesos de difusión y marketing o puede crear nuevos modelos de negocio. Diversos son también los sectores que experimentan las transformaciones: los músicos han visto cómo la difusión a través de plataformas como Myspace son imprescindibles y las posibilidades que ofrece la creación de NetLabels; la industria audiovisual comienza a visualizar las posibilidades de las salas de cine digital programadas según demanda de los usuarios; la industria editorial comienza a desarrollar nuevas formas de distribución a través de redes sociales de intereses específicos, etc. Estas transformaciones, no obstante, plantean también un gran desafío asociado a generar mecanismos adecuados de protección de la propiedad intelectual.
A pesar del incuestionable talento existente en América Latina y el Caribe, las industrias creativas no han alcanzado las tasas de crecimiento y la contribución al PIB y al empleo de países como Estados Unidos (8%) o el Reino Unido (6%). Dentro de la región, Chile se encuentra dentro de los países que destacan en la participación de las industrias creativas sobre el total del empleo (2,7%), tras Brasil (5%), Argentina (3,2%) y México (3,6%). A su vez representan un aporte al PIB de entre el 1,3% y el 2,8%, dependiendo de la metodología utilizada para su medición, lo que significa un aporte mayor que sectores tradicionales como la agricultura, la pesca y la industria textil.
Según el Anuario de Cultura y Tiempo Libre 2004 del INE, el intercambio global del sector cultura y tiempo libre supera los US$ 1.000 millones, de los cuales alrededor de U$168 millones corresponden a exportaciones en valor FOB. En cuanto a la generación de ingresos, el libro, las artes visuales, audiovisual, esparcimiento y música son los subsectores más importantes en la exportación de bienes culturales. Esta actividad económica sostiene niveles de empleo, según datos de 2004, de 18.212 empleadores cotizantes (alrededor de un 4% del total) y 178.585 empleados declarados.
Este auspicioso panorama también fue observado por la consultora internacional encargada de la elaboración del estudio sobre competitividad en clusters de la economía chilena, la que ubica al sector de las industrias creativas dentro del rango de alto potencial de crecimiento y un nivel de esfuerzo entre medio y bajo para lograr la competitividad necesaria[12].
Hacer el ejercicio de mirar las oportunidades que el sector creativo y la economía creativa suponen para el desarrollo de los territorios, requiere también identificar los principales procesos en que éste se encuentra inmerso, de manera de conocer las brechas que es necesario enfrentar para facilitar un proceso de crecimiento basado en la creatividad y la cultura.
El análisis de la situación actual realizado por diversas fuentes coincide respecto de los principales desafíos que enfrenta el sector para su desarrollo. Algunos se relacionan con las capacidades de las organizaciones creativas y otras con el marco institucional en que éstas se desenvuelven.
Si bien, en el mundo, las herramientas digitales y especialmente internet han cambiado la forma en que se crea, produce, distribuyen y consumen productos y servicios creativos, en el contexto nacional la utilización de las mismas es relativamente escaso. En efecto, no existe “ningún ejemplo de articulación sectorial y asociatividad basadas en herramientas web 2.0 en todo Chile”[13]. Se observa también una escasa utilización de internet como canal de difusión y comercialización.
Muy probablemente esta situación se encuentre relacionada con una problemática que parece no ser exclusiva del sector creativo[14] y que al menos comparten los subsectores estudiados en el Mapeo de Industrias Creativas de Valparaíso. Estos, en general, están concentrados en la producción, descuidando la circulación, distribución, comercialización y promoción de los productos, servicios u obras. Esta debilidad objetiva de la escena en general, es al mismo tiempo una señal muy interesante para quienes quieran desarrollar actividades en el sector de la cultura, pues señala claramente un espacio relativamente inexplorado de oportunidades asociadas a la generación de proyectos que medien y vinculen a los creativos con las audiencias, los públicos o los clientes.
En el mismo plano de la sustentabilidad de los proyectos, el sector creativo muestra una matriz de financiamiento muy poco diversificada, con una alta concentración de recursos provenientes de fuentes nacionales de fondos concursables, lo que además de los riesgos y dependencias que se derivan de esta situación, plantea también dificultades relacionadas con la estacionalidad de los recursos y el incentivo a la concentración en actividades de producción. Por otro lado se observa que las prácticas de asociatividad no son lo suficientemente intensas como se esperaría del sector cultura, aunque dicho fenómeno probablemente también sea común a otros sectores dado que los contextos sociopolíticos que le dan explicación resultan transversales a la sociedad en su conjunto. Esto es muy relevante porque problemas de distribución y comercialización, por ejemplo, en general costosos, pueden ser mejor enfrentados si se suman y complementan las iniciativas. Además, claramente el sector creativo será un sector mucho más influyente en términos políticos y más potente en términos creativos en la medida que los distintos subsectores o áreas interactúen más intensamente. Una escena cultural atractiva e innovadora se basa, especialmente en los tiempos que corren, en esfuerzos multidisciplinarios y de mestizaje creativo. Finalmente, el crecimiento y especialización que ha experimentado el sector creativo en los últimos años en el país amerita la creación de un sistema de información que pueda proporcionar insumos específicos relativos a las necesidades, brechas y potencialidades del sector así como datos estratégicos respecto a su impacto económico, empleo, exportaciones, etc. Este requerimiento plantea al menos dos niveles de responsabilidad y acción, ciertamente interderpendientes: por un lado, un nivel si se quiere gremial o más propiamente sectorial, que apela a que cualquier sector económico fuerte, legitimado y que aspira a influir en la toma de decisiones de un territorio, cuenta con información específica sobre su quehacer y políticas para actualizar dicha información. Por otro lado, un nivel y una responsabilidad institucional, en la forma de organismos que generan mediciones y sistematizan información no sólo a nivel nacional y regional, sino también territorial, facilitando su acceso y utilización por todos los actores involucrados. En la actualidad, las estadísticas existentes sobre el sector cultural se encuentran dispersas a través de la acción de diversos agentes públicos y privados, y a pesar de algunos esfuerzos coordinados por el INE y algunas acciones importantes del CNCA como la Cartografía Cultural de Chile, cada vez es más evidente la necesidad de abrir el debate y comenzar a construir los marcos estadísticos pertinentes a la situación actual del sector cultural que puedan contribuir con información adecuada y confiable para la generación de políticas pertinentes de fomento del sector creativo nacional y local[15].
“La naturaleza intersectorial de la economía creativa implica que el desarrollo de políticas públicas para la economía creativa deba ser formulado de forma interministerial y coordinada”[16]. Probablemente esto implicará ocuparse de impulsar la innovación y la creación de pequeñas empresas en el campo creativo, facilitar el acceso a mercados y financiamiento, mejorar la vinculación con otros sectores productivos como el turismo, mejorar la infraestructura disponible, promover el consumo cultural, garantizar el acceso de la producción nacional a los medios de difusión existentes (prensa, radio, cine y televisión), proteger los derechos de los autores al mismo tiempo que se facilita el intercambio y el desarrollo de proyectos multidisciplinarios, así como también promover la educación, capacitación, entrenamiento y asistencia técnica a la industria.
[2] Resumen informe sobre Economía Creativa. UNCTAD, 2008
[3] Comprender las Industrias Creativas. Las estadísticas como apoyo a las políticas públicas. UNESCO 2006.
[4] Resumen Informe sobre la economía creativa 2008. UNCTAD 2008.
[5] Comprender las Industrias Creativas. Las estadísticas como apoyo a las políticas públicas. UNESCO 2006.
[6] El Departamento para la Cultura, Medios de Comunicación y Deporte del Gobierno del Reino Unido clasifican las industrias creativas en trece campos distintos: publicidad, arquitectura, arte y mercado de antigüedades, artesanías, diseño, diseño de moda, cine y video, softwares interactivos de entretenimiento, música, artes de actuación, edición, software y servicios de computación, televisión y radio.
[7] Resumen Informe sobre la economía creativa 2008. UNCTAD 2008.
[8] Incuba. Emprendimientos incubados en la ciudad de Buenos Aires con base en las industrias creativas. CENTRO METROPOLITANO DE DISEÑO 2008.
[9] Ciudades Creativas. UNESCO 2004
[10] Incuba. Emprendimientos incubados en la ciudad de Buenos Aires con base en las industrias creativas. CENTRO METROPOLITANO DE DISEÑO 2008.
[11] Industrias culturales en la web 2.0. TRANSIT PROYECTES 2008.
[12] “Estudios de competitividad en Clusters de la Economía Chilena” The Boston Consulting Group, 2006.
Resumen de Proyecto Industrias Creativas Basadas en Redes Sociales Distribuidas. BID FOMIN 2008.
Un fenómeno similar puede observarse, por ejemplo, en el ámbito de la investigación científica y su difícil tránsito a la aplicación tecnológica y empresarial.
[15] Indicadores para el sector cultural en Chile. Departamento de Estudios y Documentación CNCA 2004.
[16] Resumen Informe sobre la economía creativa 2008. UNCTAD 2008.

Cuando a Pitti Palacios, diseñadora egresada de la Universidad de Valparaíso se le pregunta qué le han dejado las distintas experiencias vividas en el desarrollo de su carrera, medio en broma medio en serio contesta que mucho cansancio, y es que esta joven profesional no ha parado. Desde el año 2003 -momento en que creó su primera tienda de diseño “Design for Valparaiso”, se ha focalizado en un trabajo continuo de investigación, experimentando con volúmenes y texturas, mezclando técnicas de la tapicería mural con el tejido a telar. (más…)

Valparaíso ha logrado instalar, gracias a una serie de incentivos a la inversión provenientes fundamentalmente de Corfo pero también de otras instancias tanto públicas como privadas, una oferta de servicios como soporte al sector turístico que antes no existía y sin la cual era muy difícil proyectar a la ciudad como destino. Y si bien todavía hay mucho que hacer, perfeccionar e innovar en lo que se refiere a hotelería, restauración, operadores turísticos, etc., no es menos cierto que esta oferta de servicios no es suficiente por sí sola para una ciudad que intenta promocionarse como hito patrimonial y polo de las artes y la cultura del país. Es el fortalecimiento del sector creativo de la ciudad, de sus artes escénicas, de su escena musical o su oferta de diseño de productos, por nombrar sólo algunos, y su sólido encadenamiento con otros sectores productivos, en especial el turismo, lo que permitirá contribuir al desarrollo de Valparaíso como un destino verdaderamente sustentable en el tiempo, aumentando y diversificando el gasto al mismo tiempo que aumenta el número de visitas y los días de permanencia en la ciudad, y por la vía de este desarrollo productivo, se mejora la imagen y la calidad de vida que la ciudad ofrece a quienes la visitan, pero también y especialmente, a quienes son sus habitantes.